Cartas de César Moro

L E T T E R S F R O M C É S A R M O R O

25 de enero de 1939

El amor en la noche. Un tumulto se anuncia, un tumulto como de sangre que se vierte. Las alas del mundo empiezan a dormir, y sólo tus ojos iluminan el silencio, el gran silencio que reina a tu llegada. Y te desprendes como un árbol o como la noche, a pasos callados, como el gran caballero que aparece en los sueños. Con tu rostro severo, con el misterio y la distancia y con el gran silencio.

Yo no podré besarte, a veces dices, yo no podré besarte…

El corazón respira apenas ante el milagro repentino de tu presencia. Los ojos quisieran guardar para siempre el color de incendio de tus ojos, el resplandor de tu mirada, el exacto volumen de tu cuerpo, y devorarte y envolverte y guardarte ajeno a todas las miradas.

Te llamo desde lejos; tú no me oyes, mi voz te llega amortiguada. Tú no me oyes. Si me oyeras vendrías y tus ojos se cubrirían de lágrimas y a través de esa bruma verías la imagen del amor acribillado. Pero no oyes y tu ausencia se renueva. Estás cerca de mí, estás cerca; todo me lo dice: el calor de tu cuerpo, tu cuerpo mismo, la sombra terrible de tu cuerpo interceptando la luz del sol. Tu voz también quiere decirme que estás cerca. Pero no es cierto… Ya te fuiste. Acaso no has llegado todavía y yo estoy ciego, completamente ciego, mirándote sin verte y llamándote hacia aquel punto donde ya nadie puede seguirme, donde la soledad me acosa, donde nada responde ni me acompaña.

¡Volver a verte!

Por un camino que no llega te aguardo y te estaré aguardando siempre; más lejos que mi vida, más lejos que el recuerdo de la vida consciente; desde mi oscuridad, agazapado, sólo, horriblemente sólo, esperando que al fin vuelvas y te detengas y me mires y hables y tu voz me haga nacer y me devuelva al mundo de mí mismo que he perdido al encontrarte sin hallarte.

César Moro

January 25, 1939

Love in the night. A disturbance approaches, a disturbance like blood that is spilt. The wings of the world begin to sleep; and only your eyes brighten silence; the great silence that reigns upon your arrival. And you fall like a tree or darkness, with silent steps, like the brave knight that appears in dreams. With your stern face, with mystery and distance, and with great silence by your side.

I won’t be able to kiss you, sometimes you say, I won’t be able to kiss you.

The heart barely breathes before the sudden miracle of your presence. The eyes would wish to save forever the blazing color of your eyes, the splendor of your gaze, the exact volume of your body, and devour you, and surround you, and save you from every eye.

I call you from afar, you do not hear me, my voice barely reaches you. You do not hear me. If you would hear me, you would come and your eyes would be covered with tears and through that mist you would see the image of slaughtered love. But you do not hear and your absence is renewed. You are near me, you are near; everything tells me so: the warmth of your body, your body itself, the dreadful shadow of your body intercepting the sunlight. Your voice also wants to tell me that you are near. But it is not true… You already left. Perhaps you have not yet arrived, and I am blind, completely blind, looking at you without seeing you, and calling you to that point where none can follow me; where solitude haunts me, where nothing answers or accompanies me.

To see you again!

On a road that never arrives, I wait for you; and I shall await you; further than my life; further than the memory of conscious life; from my darkness, hidden; alone, horribly alone, hoping that you finally arrive, and pause and look at me, and talk to me, and that your voice gives birth to me and brings me back to the world of myself that I have lost while discovering you so far from my reach.

César Moro

28 de febrero, medianoche

Estoy libre de deseo. Vivo al interior de él y siendo él ya no sufro de él. Ya no es múltiple en los fines, si polifacético en el deseo. Ya no vivo sino en el deseo.

Desearte es ver todos los árboles y el cielo, el agua y el aire en ti. Mi vida se ha hecho clara, ardiente, limpia.

¡Ay! ¡Si yo no amara! Sería la guerra de cien años de mi vida. Los frentes dispersos. Ahora la batalla es una, uno su fragor.

Te puedo dar todos los nombres: cielo, vida, alfabeto, aire que respiro.

Si todo eres tú, ya mi deseo es uno en su fin. Pero si a veces te presentas como el aire o la luz, fuera de ti no deseo, ni vivo y estoy ciego.

Megalomanía del amor. Qué delirio de grandeza puede igualarte. O deseo de su sola grandeza, de su sólo brillo.

En tu deseo todas las formas reprimidas, exaltadas, demenciales, absurdas se resuelven y se hacen (…tivas). Crece la realidad y por primera vez la muerte no existe.

Grandeza de saberte el más alto deber, la urgencia mayor, y sacrificarte a un deseo simplemente humano.

Soy el santo de los santos. El receptáculo del amor. Gracias a ti, de este fuego que ha quemado toda impureza.

¿Quién puede asegurarme una eternidad sin amarte? Pero, ¿quién puede consolarme del trance de la muerte y darme la certeza, la única que pido, de amarte exactamente a través de todas las transformaciones post mortem?

Si puedo amar así, mi eternidad sería segura. ¿Tal eternidad dura sólo una vida?

César Moro

February 28, midnight

I am free of desire. I live inside him, and being him, I do no longer suffer because of him. He is no longer multiple in his ends, but rather multifaceted in desire. I no longer live, except through desire.

To want you is to see all the trees and the sky, the water and the air in you. My life has become clear, ardent, pure. Ay! If only I loved not! It would be the hundred year’s war of my existence. The scattered fronts. Now the battle is one, one its roar.

I can bestow upon you every name: sky, life, alphabet, air I breathe.

If everything is you, my desire is one in its purpose. But if sometimes you appear to me as air or light, besides you I desire not, I live not, and I am blind.

Megalomania of love. What delusion of grandeur could possibly equal you. What appetite for grandeur, or of its brilliance alone.

Desiring you all repressed, exalted, demented, absurd forms are solved and are rendered. (…tive)

Reality grows and, for the first time, death ceases to exist.

Glory of knowing you to be the highest calling, the greatest urgency, and sacrificing you to a simply human desire.

I am the saint of saints. The receptacle of love. Thanks to you, of this fire that has consumed all impurity.

Who can guarantee me an eternity without loving you? But, who can soothe me when facing death’s trance and give me certainty, the only one I ask for, the certainty of loving you exhaustively throughout all your postmortem transformations?

If I can love this way, my eternity would be safe, does such eternity last only a lifetime?

Cesar Moro

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18 de junio de 1939

Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio de mi sueño y me levantas y como un dios, como un auténtico dios, como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro, me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.

Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tú eres el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo, hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres a mi muerte. Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos; como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed quemante de mi vida.

¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto, el polo que imanta mi vida.

Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero. Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y toda sombra, así eres. Hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella, gran tigre negro de semen inagotable, de nubes inundando el mundo.

Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire; cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de tus manos. Guárdame junto a ti.

Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará que irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.

Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos. En el placer que tomas lejos de mí hay un sollozo y tu nombre. Frente a tus ojos el fuego inextinguible.

César Moro

June 18, 1939

I adore you and your great cruelty, because you appear in the middle of my dream and lift me up and like a God, like an authentic God, like the one true God, with the injustice of gods, entirely black nocturnal God, entirely obsidian holding your diamond head, like a savage colt, with your savage hands and your golden feet supporting your black body, you drag me and you throw me into a sea of tortures and assumptions.

Nothing exists outside of you, only silence and space. Though you are the space and the night, the air and the water I drink, the silent poison and the volcano whose abyss I fell into long ago, centuries ago, before I was born, so that you could drag me away by the hair towards my death. In vain I struggle my, In vain I ask. The gods are mute; like a wall that fades away, that’s how you respond to my questions, to the scorching thirst of my life.

Why should I resist your power? Why struggle against your thunderous strength, against your torrential arms; if it must be this way, if you are the point, the magnetic pole that draws my life.

Your history is the history of man. The great drama where my existence is the burning bush, the object of your cosmic vengeance, of your metal bitterness. All sex and all fire, this is you. All ice and all shadow, this is you. Beautiful demon of the night, implacable tiger with your testicles of stars, great black tiger with your endless semen of clouds flooding the world.

Keep me close to you, close to your navel where the air begins; close to your underarms where the air ends. Close to your feet and close to your hands. Keep me close.

I will be your shadow and the water you thirst for, with eyes; in your dream I will become that glowing point that grows and turns everything to flame; when you sleep you shall hear a whisper in your bed and a heat tied to your feet shall rise and slowly take control of your extremities and a great ease will possess your whole body and when you stretch out your hand and feel a strange body, frozen: it’s me. You carry me in your blood and your breath, nothing could erase me.

When you push me away your strength is useless, your rage is less strong than my love; so you and me, despite yourself, united always, belong together. In the pleasure you enjoy far from me there is a sob and your name. Facing your eyes, the inextinguishable blaze.

Cesar Moro

25 de julio de 1939

Yo puedo pronunciar tu nombre hasta perder el conocimiento, hasta olvidarme de mí mismo; hasta salir enloquecido y destrozado, lleno de sangre y ciego a perderme en las suposiciones y en las alucinaciones más torturantes. Todo me persigue con tu nombre. Tu imagen aparece a cada instante debajo de todas las imágenes, de todas las representaciones.

Nada puede hacerme sufrir más que el espectáculo del amor. Yo sólo, frente al mundo, fuera del mundo, en el mundo intermedio de la nostalgia fúnebre, de las aguas maternas, del gran claustro, del paraíso perdido; frente a ti lejos, tan lejos que ya nada puede salvarme, ni la muerte.

Me has arrojado por debajo de mí mismo: las palabras se van acumulando; hay palabras de las que ya no se vuelve, que abren una brecha por la que se introducen el veneno y la tristeza de muerte; la desolación total, la soledad, el abandono definitivo.

Encerrado dentro de mí, solo con el recuerdo que me persigue noche y día sin reposo. Ya no puedo acordarme de cuando sonreías, ahora apareces alejándote y con una mirada que yo no hubiera querido conocer. Ya sé todo lo que nunca hubiera querido saber, lo que algunos hombres conocen solamente pocos instantes antes de su muerte. Y debo seguir viviendo sin esperanza, sin estímulo, sin ese pequeño espacio de refugio, de descanso que todos necesitamos. Quizás más que nadie tenía yo necesidad de una tabla de salvación, de una última apariencia engañosa de la vida para seguir adelante, para salvarme de mí mismo y de la conciencia que del mundo y de la vida he tenido desde que pude darme cuenta de la vida.

Ahora, dónde ir, dónde volver la cara, a quién contar lo que puede sufrir un ser humano que a veces desconozco y que siento como un extranjero enloquecido dentro de una casa vacía. Qué puede reservarme la vida sino la repetición constante de un sólo instante, del más amargo de los instantes. Cada nuevo día que viene no hace sino traerme la misma desesperación; mi primer pensamiento, al despertar, eres tú; el último, al dormir, eres tú. Y mi sueño no es sino una angustiosa búsqueda de ti. Sueño que te vas, que me abandonas, como si pudiera abandonarse algo que nunca se ha aceptado. Porque tú nunca me has aceptado, nunca has querido saber nada de mí. Apenas llegaste, ya no pude ver nada, salí despavorido tras de ti y así he continuado.

Ojalá fuera verdad el mito del alma que se vende al diablo, ya la hubiera yo vendido por toda una eternidad para estar más cerca de ti, para tener la seguridad de verte siempre. Lo que me aterroriza de la muerte es saber que entonces no podré pensar en ti, que ya no vendrá tu recuerdo a torturarme; que mi ternura, mi pobre ternura rechazada no podrá envolverte en una mirada, en un anhelo infinito.

El cielo es azul, la vida es hermosa, el aire se vuelve respirable porque existes. Yo sé que la vida es hermosa aunque no la recuerdo, sé que el cielo es azul aunque no lo miro nunca, sé que puede ser más azul que nunca cuando tú sonríes. Tu sonrisa es lo más bello y humano que yo conozca. Cuando sonríes parece que todas las montañas del mundo tuvieran sol y árboles y que vinieran a tu encuentro a besar las huellas de tus pasos; parece que la noche se hubiera acabado para siempre y que ya sólo la luz y el amor y una inocencia cósmica reinaran sobre el universo, donde los planetas y los astros no pueden compararse a ti sino como reflejos o emanaciones de tu presencia en el mundo. Ya que en tu poder está volver sombrío el día y hacer clara la noche y desencadenar lluvias tempestuosas y hacer gemir los elementos, ¿por qué no quieres transformarme en un pedazo de tu sombra, o en tu aliento o simplemente en una partícula de tu pensamiento? Si no quieres salvarme, condéname a una muerte fulminante, condéname a la desaparición total, pero que no siga esta larga angustia, ese temor de cada día, de cada hora. Haz que vuelva al origen de mi vida, a la nada, y no vuelvas a crearme ni a traerme nuevamente a la vida ni siquiera bajo la forma de una piedra; aún así tendría la nostalgia insaciable de ti, la memoria de tu recuerdo. Dispérsame en el aire o en el fuego o en el agua o mejor en la nada, fuera del mundo.

Sólo pido a la vida que nunca me deje un momento de reposo, que mientras haya un soplo de vida en mí, me torture y me enloquezca tu recuerdo, que cada día se me haga más odiosa tu ausencia y que por una fuerza incontenible me llegue a encerrar en una soledad que no esté habitada sino por tu presencia. Ya no sé quién soy ni quién fui antes de conocerte. ¿Acaso yo existía antes de conocerte? No, no era sino el reflejo de la luz que iba llegando, de tu presencia que se acercaba. Persígueme, tortúrame, maldíceme, pero no me abandones a mi propia desesperación. Trata de comprender los sentimientos de un ser mortal que te venera, que siente un ansia irracional de confundirse contigo, que no conoce de la vida otra cosa que lo que tú le has enseñado; que sabe que el día es un largo período de siglos que parecen un instante cuando tu presencia se manifiesta; el resto del tiempo es noche. Manifiéstate a mí bajo tu apariencia humana; no tomes el aspecto de sol o de la lluvia para venir a verme; a veces me es difícil reconocerte en el rumor del viento o cuando en mis sueños adquieres el aspecto demasiado violento de una enorme piedra de basalto que rueda por el espacio infinito sin detenerse y me arrastra a la desolación de las playas muertas que la planta del hombre no había hollado aún; playas todas negras en que una montaña que ocupa todo el horizonte sostiene una reproducción del tamaño del cielo de tu cabeza tal como yo la conozco, tu cabeza rodeada de centellas y que despide un fuego tan terrible que a veces se propaga hasta las nubes e incendia el mundo. Pero basta el movimiento imperceptible de uno sólo de tus músculos, el más pequeño, para que todo vuelva a ser como nosotros creíamos que era, antes de que tu presencia se manifestara al mundo y antes de que yo fuera el primero y el último de tus adeptos, oh espíritu nocturno. Abrásame en tus llamas poderoso demonio; consúmeme en tu aliento de tromba marina, poderoso Pegaso celeste, gran caballo apocalíptico de patas de lluvia, de cabeza de meteoro, de vientre de sol y luna, de ojos de montañas de la luna. Gran vendaval, dispérsame en la lluvia y en la ausencia celeste, dispérsame en el huracán de celajes que arremolina tu paso de centella por la avenida de los dioses donde termina la Vía Láctea que nace de tu pene.

César Moro

July 25, 1939

I can utter your name until I lose consciousness, until I forget myself, until I depart crazy and destroyed, full of blood and blind ready to lose myself in assumptions and in the most torturing hallucinations. Everything hunts me with your name. Your image appears in every instant, below all images, below all representations.

Nothing can make me suffer more than the spectacle of love. I alone, facing the world, outside the world, in the intermediate world of funereal nostalgia, of maternal waters, of the great cloister, of paradise lost; facing you from afar, so far that nothing can save me, not even death.

You have thrown me under myself: words begin to gather; there are

some words from which there is no return, that open a rift through which the poison and the sadness of death enters; total desolation, solitude, definitive abandonment.

Locked inside myself, alone with the memory that hunts me day and night without rest. I can no longer remember when you smiled, now I see you leaving with a glance I would not have wanted to meet. I already know everything that I would not have wanted to know, what some men know just a few instants before death. I have to continue living without hope, without stimulus, without that little space of refuge, of rest that we all need. Maybe more than anyone I needed something to grab ahold of, one last misleading appearance of life in order to go on, to save me from myself and from the consciousness of the world and of life that I have had since I realized what it meant to be alive.

Now, where to go, where to turn, whom to tell what can be suffered by a human being I barely know and that I perceived as a crazy stranger inside an empty house. What can life hold in store for me but the constant repetition of a single instant, of the most painful of instants? Every new day that comes does nothing but bring me the same desperation; my first thought, when I wake up, is you; the last one, when I go to sleep, is you. And my dream is nothing but an anguished search for you. I dream that you leave, that you abandon me, as if one could abandon something that was never accepted. Because you never accepted me, you never wanted anything to do with me. As soon as you arrived, I could not see anything, terrified, I ran after you, and so I have continued.

I wish the myth of the soul that sells itself to the devil were true, I would have sold it by now for an eternity of being closer to you, of having the certainty of seeing you always. What terrifies me about death is knowing that then I won’t be able to think of you, that your memory will no longer come to torture me; that my tenderness, my poor rejected tenderness, will not be able to enclose you in one look, in one infinite longing.

The sky is blue, life is beautiful, the air becomes breathable because you exist. I know that life is beautiful even though I don’t remember it, I know the sky is blue even though I never look at it, I know that it can be bluer than ever when you smile. Your smile is the most beautiful and human thing I know. When you smile it seems that every mountain in the world is blessed with sun and trees that would come to seek you, to kiss the remnant of your steps; it seems like the night has ended forever, and that only light and love and a cosmic innocence reign over the universe, where the planets and the stars can’t compare to you except as reflections or emanations of your presence in the world. Since you have the power to darken the day and lighten the night, and to unchain tempestuous rains, and to make the elements howl, why don’t you want to transform me into a piece of your shadow, or your breath, or simply a particle of your thought? If you don’t want to save me, condemn me to sudden death, condemn me to total disappearance, but don’t let this great anguish continue, that fear of every day, of every hour. Have me return to the origin of my life, to nothingness, and don’t create me or bring me back to life, not even in the shape of a rock; even so I would have an insatiable nostalgia of you, the recollection of your memory. Scatter me in the air or in the fire or in the water or, even better, in nothingness, outside the world.

I only ask life to never give me a moment of rest, that while I still draw breath, your memory may torture me and drive me insane, that every day your absence may become more odious to me and that through an uncontainable force I will be able to lock myself in an uninhabited solitude, but for your presence. I no longer know who I am or what I was before I met you. Could it be that I existed before I met you? No, I was only the reflection of the light that was arriving, of your presence that was approaching. Follow me, torture me, curse me, but do not abandon me to my own desperation. Try to understand the feeling of a mortal being that venerates you, that feels an irrational yearning to be blended together with you, that doesn’t know anything about life besides what you have taught him; that knows that the day is a long period of centuries, that seems like an instant when your presence manifest itself; the rest of the time is night. Show yourself to me in your human form; don’t take the shape of the sun or the rain to come see me; sometime it is hard for me to recognize you in the sound of the wind or when in my dreams you adopt the too violent appearance of a huge basalt rock that rolls through infinite space without stopping and drags me to the desolation of the deathly beaches, that man’s foot has not yet found; all black beaches where a mountain that takes up the entire horizon holds a sky-sized reproduction of your head just as I know it, your head surrounded by sparks and giving off such a terrible fire, that sometimes spreads to the clouds and lights the world on fire. But the imperceptible movement of one of your muscles is enough, the smallest one, for everything to return to the way we believed it was, before your presence manifested itself to the world and before I was the first and the last of your devotees, oh nocturnal spirit. Embrace me in your flames, powerful demon, consume me in your cyclonic marine breath, powerful celestial Pegasus, great apocalyptic horse with rain hooves, with meteorite head, with a stomach of sun and moon, with lunar mountains for eyes. Great gale, scatter me in the rain and the celestial void, scatter me in the hurricane of disperse clouds that forces your lightning step through the boulevard of the gods, where the Milky Way that flows from your penis ends.

César Moro

10 de octubre de 1939

¿Qué puedo decirte aún? ¿No te he dicho mil veces con la palabra y mil veces con el silencio, con el desesperado lenguaje de los ojos o del pensamiento que se retuerce sobre mí mismo y labra infatigable, como la gota de agua, la piedra del cerebro y deshace el corazón vacío y la esperanza tenaz y el aguardar eterno, no te he dicho, mil y mil veces más, lo que ahora no me atrevo a decirte y que tú sabes y no quieres saber?

A quién, sino a ti, puedo hacer responsable de esta lluvia que cae interminablemente, de esta brumosa tristeza que me corroe el gusto de la vida; a quién, sino a ti, debo hacer responsable de esos espacios fugaces y brillantes de mi vida en que todo parece nacer y ordenarse según un nuevo orden desconocido y una alegría sin medida: la alegría potente de haberte conocido, de saber que tú eres, y que eres sin remedio en mi vida; la última alegría, la última tristeza, el sólo nombre que mi mente pronuncia sin descanso a través de la experiencia insoportable de los días que pasan inútiles, sin alegría fuera de ti.

No puedo resolverme a aceptar el hecho evidente, crudelísimo, de saberte distante, indiferente, ajeno. Lo sé, no puedo aceptarlo. Te adoro. Palabras, palabras… Nada es comparable a la sensación de mi ternura por ti; llámala de cualquier modo: justa, injusta, reprobable, monstruosa; también es un hecho innegable, más fuerte que mi muerte, más fuerte que el infierno de cada día y que la desesperación en que me debato. Es así, así será siempre.

Nada tengo que reprocharte o debiera reprocharte hasta el aire que respiro; no es tu culpa ser lo más hermoso y lo más terrible en mi vida. Tu ausencia, tu sadismo, tu indiferencia: qué cosa puedo hallar fuera de tu mundo absorbente sino el silencio y la sombra mortales en que a lo largo de los días te busco.

¡Qué bella debe ser la vida! Ahora llueve, para mí podría ser la hora luminosa, el cielo azul, el aire tibio de la estación más tibia en el clima ideal del mundo si pudiera verte interminablemente, hasta que mis ojos se cerraran viéndote, aparición concreta de mi paraíso perdido, de mi lejano paraíso que no encontraré jamás y que me deja más solo y más indefenso que a todo ser humano.

César Moro

October 10, 1939

Yet, what can I tell you? Haven’t I told you a thousand times with words and a thousand times with silence, with the desperate language of eyes, or thought twisting on itself and cutting tirelessly, like a drop of water, the brain rock, and tearing apart the empty heart and the tenacious hope and the eternal wait, haven’t I told you, thousands and thousands of times more, what I dare not tell you now and that you know and don’t want to know?

Whom, if not you, can I make responsible for this rain that falls endlessly, for this foggy sadness that eats away the taste for life; whom if not you, should I make responsible for those fleeting and brilliant spaces of my life, where everything seems to be born and ordered according to a new unknown order and a happiness without measure: the powerful joy of having known you, of knowing that you are, and that without remedy you are in my life; the last joy, the last grief, the only name that my mind utters without rest throughout the unbearable experience of the days that uselessly pass, without joy outside of you.

I cannot convince myself to accept the clear fact, the cruelest, of knowing you to be distant, indifferent, foreign. I know, I cannot accept it. I adore you. Words, words… Nothing compares to the feeling of my tenderness for you; call it what you will: just, unjust, deplorable, monstrous; it is also an undeniable fact, stronger than my death, stronger than the every day hell and the desperation with which I struggle. It is this way, it will always be this way.

I don’t blame you for anything or should I even blame you for the air I breathe; it is not your fault that you are the most beautiful and the most terrible thing in my life. Your absence, your sadism, your indifference: what can I find outside your absorbing world but silence and the mortal shadow through which I search for you day after day.

How beautiful must life be! Now it rains, for me, it could be the most luminous hour, blue sky, warm air of the warmest season in the ideal climate of the world, if I could see you unendingly, until my eyes shut seeing you, concrete apparition of my lost paradise, of my distant paradise that I will never find and that leaves me more alone and more helpless than any other human being.

Cesar Moro

ANTONIO es Dios
ANTONIO
es el Sol
ANTONIO
puede destruir el mundo en un instante
ANTONIO
hace caer la lluvia
ANTONIO
puede hacer oscuro el día o luminosa la noche
ANTONIO
es el origen de la Vía Láctea
ANTONIO
tiene pies de constelaciones
ANTONIO
tiene aliento de estrella fugaz y de noche oscura
ANTONIO
es el nombre genérico de los cuerpos celestes
ANTONIO
es una planta carnívora con ojos de diamante
ANTONIO
puede crear continentes si escupe sobre el mar
ANTONIO
hace dormir el mundo cuando cierra los ojos
ANTONIO
es una montaña transparente
ANTONIO
es la caída de las hojas y el nacimiento del día
ANTONIO
es el nombre escrito con letras de fuego sobre todos los planetas
ANTONIO
es el Diluvio
ANTONIO
es la época Megalítica del Mundo
ANTONIO
es el fuego interno de la Tierra
ANTONIO
es el corazón del mineral desconocido
ANTONIO
fecunda las estrellas
ANTONIO
es el Faraón el Emperador el Inca
ANTONIO
nace de la Noche
ANTONIO
es venerado por los astros
ANTONIO
es más bello que los colosos de Memmón en Tebas
ANTONIO
es siete veces más grande que el Coloso de Rodas
ANTONIO
ocupa toda la historia del mundo
ANTONIO
sobrepasa en majestad el espectáculo grandioso del mar enfurecido
ANTONIO
es toda la Dinastía de los Ptolomeos


México crece alrededor de ANTONIO

MÉXICO CRECE ALREDEDOR DE ANTONIO

ANTONIO is God
ANTONIO
is the sun
ANTONIO
can destroy the world in an instant
ANTONIO
makes the rain come
ANTONIO
can darken the day and brighten the night
ANTONIO
is the origin of the Milky Way
ANTONIO ‘s
feet are constellations
ANTONIO ‘s
breathe is a shooting star and the dark night
ANTONIO
is the generic name of celestial bodies
ANTONIO
is a carnivorous plant with diamond eyes
ANTONIO
can create continents by spitting into the sea
ANTONIO
makes the world fall asleep when he closes his eyes
ANTONIO
is a transparent mountain
ANTONIO
is the fall of leaves and the birth of day
ANTONIO
is the name written with letters of fire on all planets
ANTONIO
is the Flood
ANTONIO
is the megalithic era of the world
ANTONIO
is the inner fire of the Earth
ANTONIO
is the heart of the unknown mineral

Mexico grows revolving around Antonio

ANTONIO fertilizes stars
ANTONIO
is the Pharaoh the Emperor the Inca
ANTONIO
is born of the night
ANTONIO
is adored by the heavens
ANTONIO
is more beautiful than the colossi of Memnon at Thebes
ANTONIO
is seven times bigger than the colossus of Rhodes
ANTONIO
occupies the entire history of the world
ANTONIO
surpasses in majesty the grandiose spectacle of the angry sea
ANTONIO
is the whole Ptolemaic dynasty


Mexico grows revolving around ANTONIO


QUEREMOS TANTO A

César Moro

(1903-1956)

NACIONALIDAD: Peruana

NOMBRE REAL: Alfredo Quíspez Asín

OBSESIONES: La literatura, la danza, la pintura

IDIOMAS EN LOS QUE ESCRIBIÓ: español, francés

LUGARES DONDE VIVIÓ: Paris, Ciudad de México, Lima

ARTISTAS CON LOS QUE COINCIDIÓ: André Breton, Paul Éluard, Benjamin Péret, Wolfgang Paalen, Alice Rahon, Eva Sulzer, Xavier Villaurrutia, Remedios Varo, Gordon Onslow Ford, Leonora Carrington, Emilio Westphalen Y André Coyné

COLABORACIONES: Manifiesto antiguerra "La mobilisation contre la guerre n’est pas la paix" (“La mobilización contra la guerra no es la paz”).

ESCRITORES QUE ADMIRÓ: Marcel Proust

TEXTOS: La tortuga ecuestre, su único libro en castellano (poesía escrita en 1938 y publicada en 1957), Cartas (1939), Lettre d'amour (1939), Le château de grisou (poesía, 1941), L'homme du paradisier et autres textes (poesía, 1944), Trafalgar Square ( poesía, 1954), Amour à mort (poesía, 1955). Los anteojos de azufre (prosa, 1958), El ojo de gallo (teatro).